Sí, los periodistas convertidos en abuelos cebolletas en esta profesión, lo recuerdan perfectamente. Hubo un tiempo en el que los representantes de las esferas del poder les decían a los informadores que, si seguían por ese camino, hablarían con su director para que le cantara las cuarenta. Yo, que ejercí el periodismo en la dictadura, cuando era meritorio en el Trepabuques –así llamaban los cachondos al Diario Jaén– conocí a un gobernador civil que cada vez que un periodista le hacía una pregunta un tanto comprometida, amenazaba a este con llamar al director del medio en el que trabajaba. Y la verdad es que surtía efecto porque luego el director llamaba al currinche en cuestión y le decía: “No le hagas preguntas de esas al gobernador, que lo puedes cabrear”. Eso o te decía que no fueras más por la redacción porque incomodabas a los gerifaltes, que eran los que mandaban. Ese es el periodismo que había. Han pasado los años y algunos políticos parecen estar anclados en ese patrón. Lo digo porque hace unos días la señora alcaldesa de esta ciudad, Marifrán Carazo, abroncó a una periodista de Onda Cero por haberle hecho una pregunta incómoda, al tiempo en el que le amenazaba con hablar con el director de la emisora en la que esta trabaja. La periodista le preguntaba por el caso de esos policías locales de la capital que están siendo investigados por acceder a un sistema de vigilancia en los casos de violencia de género de una víctima, expareja de un subinspector que, en ese momento, tenía hasta una pulsera de control para garantizar el alejamiento. Según se informó hace unos días, un juzgado ha abierto diligencias a instancias de la Guardia Civil que constató hasta medio centenar de accesos, por parte de estos policías locales a dicho sistema de vigilancia de la mujer, a pesar de que su seguimiento no correspondía a la Policía Local. La periodista quería saber cómo iba ese tema y la alcaldesa se puso como la madrastra de Blancanieves cuando el espejito mágico le dijo que en el reino había una joven más guapa que ella. Habrá que comprarle rabo de pasas a la regidora de esta ciudad para recordarle que la libertad de expresión lo garantiza la Constitución y ni ella ni nadie puede indicarle a una periodista las preguntas que debe hacer. Y menos aún amenazarla con hablar con su director. Es inconcebible. Son reacciones de otros tiempos.
Artículo firmado por Andrés Cárdenas, presidente de la APG,
y publicado en GranadaHoy (02/04/25)